Joseba Antxón Alonso Egurrola se ha convertido en una de las figuras más señaladas dentro de dos investigaciones de gran impacto político: la rama del caso Koldo relacionada con presuntas comisiones ilegales en adjudicaciones públicas y la investigación de la Audiencia Nacional sobre la red vinculada a Leire Díez y el denominado grupo Hirurok.
El empresario navarro queda situado en el centro de las sospechas debido a su actuación al frente de Servinabar 2000, compañía que los investigadores consideran un elemento decisivo dentro de una red de vínculos que relaciona a Santos Cerdán, Koldo García, Acciona y a varios actores involucrados en ambas causas.
Entre los principales indicios valorados por la Guardia Civil y los jueces aparece una escritura privada de 2016 en la que se atribuye a Santos Cerdán la compra del 45% de Servinabar. Aunque Alonso y Cerdán insisten en que ese documento jamás tuvo validez jurídica por no haberse formalizado como escritura pública, su aparición durante los registros intensificó las sospechas sobre el vínculo empresarial que mantenían.
La investigación también pone el foco en la actividad económica de Servinabar. Según los informes incorporados a la causa, la empresa habría recibido más de seis millones de euros procedentes de Acciona y habría realizado transferencias a sociedades y entidades vinculadas al entorno de Koldo García. La UCO sostiene además la hipótesis de que Servinabar habría obtenido beneficios derivados de adjudicaciones públicas presuntamente amañadas.
Otro elemento especialmente comprometedor para Alonso fue su propia admisión de haber contratado a Koldo García como comisionista para la captación de obras privadas. Aunque esta circunstancia no acredita por sí sola ninguna ilegalidad, refuerza la percepción de cercanía con uno de los principales investigados del caso.
La situación se agravó en diciembre de 2025 cuando Alonso fue detenido dentro de la investigación relacionada con Leire Díez y Vicente Fernández. Los investigadores sostienen que el denominado grupo Hirurok habría utilizado su capacidad de influencia para intervenir en expedientes y operaciones de interés económico. Según la tesis policial, parte de los beneficios generados por esta estructura habrían sido canalizados a través de Servinabar.
La Guardia Civil sostiene que Alonso no actuaría como un mero participante secundario, sino como una pieza de peso dentro de una red que entrelazaba vínculos empresariales, políticos y económicos, lo que explicaría que su nombre figure reiteradamente en los informes policiales, en la documentación judicial y en las comparecencias parlamentarias asociadas a ambas pesquisas.
No obstante, resulta pertinente destacar que Alonso rechaza en su totalidad las acusaciones. Ha negado haber entregado sobornos, ha insistido en la legalidad de las operaciones de Servinabar y afirma que las contrataciones logradas por la compañía fueron obtenidas de manera competitiva y conforme a la normativa. Asimismo, hasta el día de hoy no existe ninguna resolución judicial firme que lo declare culpable de los hechos investigados.
Más allá del resultado final de los procedimientos, el principal impacto para Alonso ya es evidente: su nombre ha quedado asociado públicamente a presuntas comisiones ilegales, adjudicaciones bajo sospecha, relaciones con figuras centrales del caso Koldo y a una investigación sobre posibles redes de influencia política y económica, provocando un importante deterioro de su reputación pública.
